Siempre me he preguntado cómo funciona el tiempo. Cómo un instante puede durar horas o muchas horas un solo segundo. Es algo tan confuso, tan complejo, tan ininteligible…parece como si el reloj quisiese que los momentos duraran más o menos para fastidiarme a mí. Y es el tic tac de ese reloj el que marca la regularidad tan irregular del tiempo.
Puedes esperar toda una vida para lograr algo, y cuando finalmente lo consigues, en unos segundos puede desmoronarse todo. Y cuando no deseas que suceda algo desagradable, el tiempo parece correr y correr cada vez más rápido para que luego lo desagradable dure varios eternos instantes. Esta variabilidad del tiempo es lo que más me irrita, me irrita que el tiempo juegue a su antojo, alargando o acortando los minutos con un criterio completamente distinto al mío, cuando debería seguir un ritmo perfectamente regular.
Time is running out
Y sin darme apenas cuenta, ya ha pasado una hora. Una hora que no volveré a recuperar, una hora perdida que se ha quedado anclada en el pasado para siempre. Y recuerdo todos aquellos instantes que perdí…1 hora, 2 horas, 3 horas…toda mi existencia está guardada en algún rinconcito que el señor Tiempo utiliza para almacenar mi historia, un cajón cerrado con una llave que se perdió. Y habrá un momento en que me falle la memoria, y no quede ni el simple recuerdo de lo que ha sucedido en mi vida. Y maldeciré al señor Tiempo por perder la llave que me llevaba a mi pasado, le maldeciré por imposibilitarme el recuperarlo.
1, 2, 3 segundos…cada segundo que pasa es un segundo que el señor Tiempo almacena, que encierra en su cajón, un segundo que mi memoria probablemente olvidará. Y si tan solo hubiese alguna manera de parar esto, de congelar el tiempo y hacer que un instante durara toda la vida…o al contrario, poder acelerar a cámara rápida las situaciones incómodas. Entonces sería yo la dueña de mi vida, la que controlaría todo a mi antojo, no como en la realidad, que es el maldito tiempo el que me condiciona todas y cada una de mis acciones.
Pero sé que no puedo, sé que esta vida es la que me ha tocado, y no hay nada que pueda hacer para remediarlo. Y tendré que asumir las consecuencias de mis actos, porque no puedo ir atrás y corregir mis errores.
Llevo casi dos meses evadiendo una realidad que tarde o temprano tendré que afrontar. Y pase lo que pase, tendré que atenerme a las consecuencias, sean buenas o malas. Si sale bien, puede ser el momento más feliz de mi vida; pero si sale mal, será la situación más bochornosa en la que jamás haya estado. Sea lo que sea, dos palabras, simplemente dos palabras, pueden cambiarlo todo para siempre. Y no estoy segura de que quiera que eso suceda.





