18.2.10

Y tú, ¿qué sientes?



Cierro los ojos, y de repente, tu imagen asoma a mi cabeza. Imagino tus ojos, esos ojos que al posarse en los míos me transportan a otra dimensión; tus labios, tus perfectos dientes, tu sonrisa...mi mente se invade de recuerdos tuyos, visualizo con perfección todo tu cuerpo...y una tímida sonrisa aparece en mi rostro. Pienso en todos los ratos que hemos pasado juntos: una mirada, un guiño, una sonrisa, un simple "hola"...momentos efímeros pero que se quedan grabados a fuego en mi mente. Momentos que sé que tú no recordarás, porque sé que para ti yo no significo nada.

Creo que nunca leerás esto, y nunca sabrás realmente lo que siento por ti, lo que significas para mí. Y aunque pienses que lo sabes, estás realmente equivocado, porque nadie, absolutamente nadie, sabe exactamente todo lo que está pasando por mi mente en estos momentos. ¿Y para qué escribo esto entonces? Ni yo misma lo sé. Supongo que necesitaba desahogarme, describir todo lo que siento, y después intentar olvidarlo todo, borrar esos recuerdos de mi mente, apartarte de mi vida para siempre.

Pero por algún motivo que no alcanzo a comprender, no puedo hacerlo. Por más que lo intento, tu imagen sigue bien anclada en mi mente, tus ojos del color del caramelo son lo único que veo cuando cierro los míos; siento la calidez de tu piel bronceada junto a la mía, aunque nunca haya podido disfrutarla; visualizo tu oscuro cabello e imagino que mis manos lo acarician, notando una descarga que me recorre la columna entera. Imagino tus labios en los míos, gozando de su sabor…pero es sólo eso, una imaginación, algo que nunca podrá ser realidad…

Abro los ojos, y vuelvo a la realidad. Un mundo frío, insulso, sin ningún tipo de atractivo. Y entonces te veo, y esta vez no es un sueño, es real, y en ese momento el mundo me da igual, el resto de la gente no existe para mí. Porque en ese momento, tú eres mi mundo, eres lo que da sentido a mi vida. Eres el aire que respiro, aunque en ese instante me quede sin respiración. Eres mi primer pensamiento por las mañanas y en lo último que pienso cuando me duermo. Y mis neuronas intentan explicar todo esto que siento, pero por más que lo intentan, no consiguen encontrar un sentido lógico. ¿Magia? Tal vez, ¿por qué no?

9.2.10

Soy estúpida.

El amor es una de las mayores estupideces que comete el ser humano, y, paradójicamente, es la estupidez más común.

No quiero volver a cometer semejante estupidez.
Creo que aprendo de los errores :)

Siempre viví esperando a mi príncipe azul, y, tras varias desilusiones me di cuenta de que no existe. No, no existe, ni existió, ni existirá jamás. Vivimos en un mundo lleno de hipocresía y falsedad. ¿Pueden convivir la armonía y la felicidad con eso? Yo creo que no, y por tanto la imagen de un príncipe azul resulta un tanto anacrónica con la sociedad actual.

Tal vez sea por eso por lo que dejé de creer en el amor. Y dudo que vuelva a hacerlo en mucho tiempo.

3.2.10

Tiempo.

Siempre me he preguntado cómo funciona el tiempo. Cómo un instante puede durar horas o muchas horas un solo segundo. Es algo tan confuso, tan complejo, tan ininteligible…parece como si el reloj quisiese que los momentos duraran más o menos para fastidiarme a mí. Y es el tic tac de ese reloj el que marca la regularidad tan irregular del tiempo.

Puedes esperar toda una vida para lograr algo, y cuando finalmente lo consigues, en unos segundos puede desmoronarse todo. Y cuando no deseas que suceda algo desagradable, el tiempo parece correr y correr cada vez más rápido para que luego lo desagradable dure varios eternos instantes. Esta variabilidad del tiempo es lo que más me irrita, me irrita que el tiempo juegue a su antojo, alargando o acortando los minutos con un criterio completamente distinto al mío, cuando debería seguir un ritmo perfectamente regular.

Time is running out

Y sin darme apenas cuenta, ya ha pasado una hora. Una hora que no volveré a recuperar, una hora perdida que se ha quedado anclada en el pasado para siempre. Y recuerdo todos aquellos instantes que perdí…1 hora, 2 horas, 3 horas…toda mi existencia está guardada en algún rinconcito que el señor Tiempo utiliza para almacenar mi historia, un cajón cerrado con una llave que se perdió. Y habrá un momento en que me falle la memoria, y no quede ni el simple recuerdo de lo que ha sucedido en mi vida. Y maldeciré al señor Tiempo por perder la llave que me llevaba a mi pasado, le maldeciré por imposibilitarme el recuperarlo.

1, 2, 3 segundos…cada segundo que pasa es un segundo que el señor Tiempo almacena, que encierra en su cajón, un segundo que mi memoria probablemente olvidará. Y si tan solo hubiese alguna manera de parar esto, de congelar el tiempo y hacer que un instante durara toda la vida…o al contrario, poder acelerar a cámara rápida las situaciones incómodas. Entonces sería yo la dueña de mi vida, la que controlaría todo a mi antojo, no como en la realidad, que es el maldito tiempo el que me condiciona todas y cada una de mis acciones.

Pero sé que no puedo, sé que esta vida es la que me ha tocado, y no hay nada que pueda hacer para remediarlo. Y tendré que asumir las consecuencias de mis actos, porque no puedo ir atrás y corregir mis errores.

Llevo casi dos meses evadiendo una realidad que tarde o temprano tendré que afrontar. Y pase lo que pase, tendré que atenerme a las consecuencias, sean buenas o malas. Si sale bien, puede ser el momento más feliz de mi vida; pero si sale mal, será la situación más bochornosa en la que jamás haya estado. Sea lo que sea, dos palabras, simplemente dos palabras, pueden cambiarlo todo para siempre. Y no estoy segura de que quiera que eso suceda.

21.1.10

Love you.

Me estrechó entre sus brazos y se acercó a mí con intención de besarme.

-No.-susurré. No quería hacerlo más difícil.
-¿Qué pasa? ¿Estás nerviosa? No te preocupes, tenemos todo el tiempo del mundo.
-No, no lo tenemos.-repliqué. Dicha así, la verdad sonaba muy dura. Pero era algo que ambos sabíamos y que había que afrontar.

Aquella era la última noche que pasaríamos juntos. Después cada uno partiría a una universidad diferente, separadas por 6000 km. El simple hecho de pensarlo me daba escalofríos, y cuando recordaba el día en que él difundió la noticia de que se iba a Nueva York a estudiar a todo el instituto (probablemente porque estaba orgulloso de haber sido aceptado en una de las más prestigiosas universidades del país), se me hacía un nudo en la garganta y las lágrimas comenzaban a caer por mis mejillas. Había estado intentando evadir esta realidad durante un par de meses, pero ahora era la hora de la verdad. No había marcha atrás.

Él me notó angustiada y me abrazó más fuerte, acariciándome el cabello. Me conocía demasiado bien, había tenido toda la vida para hacerlo, desde que a los 3 años empezamos juntos el jardín de infancia. Pero, por más que intentaba tranquilizarme, no conseguía sacarme de la cabeza la terrible idea de tener que separarme de él quién sabe durante cuánto tiempo. Llevábamos toda una vida juntos, enamorados el uno del otro en secreto, incapaces de confesar nuestros sentimientos hasta que por fin él se decidió a hacerlo sólo 6 meses atrás. Parecía mentira que, pudiendo haber estado años y años junto a él, solo pudiera haber disfrutado de unos cuantos meses a su lado. Y esto era lo que más rabia me daba. Me sentía estúpida por estar malgastando el poco tiempo que nos quedaba. Apoyé mi cabeza en su hombro y en ese momento noté cómo una descarga eléctrica recorría mi espalda. Ahora sólo me importaba él, el mundo me daba igual, mi mundo era él. Tan sólo quería estar abrazada a él, sintiendo cómo su calor me recorría de pies a cabeza. Y quise decirle todo lo que él significaba para mí, quise rogarle que se quedara conmigo, pero él lo intuyó y llevó su dedo índice a mis labios, cerrándome la boca de un beso.

¿Por qué tenía que hacerlo tan difícil? Cada segundo que pasaba se me hacía más complicado separarme de él. La atracción entre nosotros aumentaba a pasos agigantados, como si su cuerpo fuera un potente imán que me arrastraba hacia él. Podía sentir su piel a escasos milímetros de la mía, podía notar cada una de sus terminaciones nerviosas en mi piel.

Me miró a los ojos y se inclinó para besarme de nuevo. Esta vez no opuse resistencia, ¿qué sentido tenía? Me acarició la mejilla al mismo tiempo que me recorría la espalda con su otra mano. No había nada tan dulce como el sabor de sus labios. Podría estar horas y horas sin más alimento que sus besos. Y cuando le miraba a los ojos, sentía que no había ningún otro lugar donde quisiera estar.

Me separé muy lentamente de él y le miré directamente a esos ojos color caramelo que tanto me gustaban. Y muy despacio me acerqué a su oído y le susurré:

-Prométeme que nunca te olvidarás de mí.
Él se separó un poco de mí y me cogió la cara entre sus manos
-¿Estás loca? Crees que, después de todo lo que hemos pasado juntos, ¿podría olvidarme de ti?

En ese momento un torbellino de imágenes apareció en mi cabeza: la primera mirada, el primer beso, allá por los 12 años, cuando aún éramos unos críos insensatos que no teníamos ni idea de lo que significaba la palabra “amor”; la primera caricia, el primer “te quiero”, el primer amanecer en la playa…eran tantos recuerdos imposibles de olvidar…

-Eso es todo lo que quería oír – y me acerqué para besarle, consciente de que, en realidad, teníamos todo el tiempo del mundo.

16.1.10

In flames.


Just one spark starts a fire.




Madrid en llamas 2010

Próximamente en los mejores cines

12.1.10

Be thankful.


each day's a gift and not a given right

11.1.10

Untitled.

I try to make a sound but no one hears me





I’m slipping off the edge
I’m hanging by a thread
I wanna start this over again

Muse.

Please close your ears...





...and try to look away