1.4.11

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La vida no es un cuento de hadas, ni mucho menos es perfecta. Tendemos a idealizarla, a soñar despiertos, a crearnos castillos en el aire que pronto se acaban desvaneciendo. El mundo onírico es bonito, sí, pero no es real, y no podemos quedarnos viviendo por siempre en él. Pero, ¿sabemos exactamente qué es la vida? ¿Es real? ¿O no es más que un sueño, una ilusión, una imagen virtual? ¿Y si lo que vemos reflejado cuando nos miramos al espejo es la verdadera realidad? O quizás sucede que la forma en que la percibimos no es más que un producto de nuestra imaginación. Muchas veces subestimamos la fuerza de nuestro subconsciente, cuando éste es mucho más potente que lo que es nuestra conciencia. El subconsciente formula nuestros más intensos deseos, nuestras grandes pasiones. Cada vez que nos dormimos, el último pensamiento antes de caer en brazos de Morfeo siempre va hacia aquello que ocupa el mayor espacio de nuestra mente. Y si tanto y tan bien nos entiende el subconsciente, ¿por qué solo se nos revela al soñar? Porque nunca le hacemos caso. Porque acallamos su voz así como solemos callar a nuestra conciencia. Porque muchas veces nos engañamos a nosotros mismos, no queremos aceptar la verdad, tenemos miedo. Miedo de no parecer lo suficientemente racionales, ya que en estos tiempos la racionalidad de una persona es símbolo y reflejo de su inteligencia. Ocultamos nuestros deseos, controlamos nuestros impulsos, retenemos nuestros instintos para parecer racionales. Pero no nos damos cuenta de que en realidad, lo único que conseguimos de este modo es parecer fríos, calculadores, distantes, poco más que máquinas pensantes. ¿Dónde quedó la calidez de las sonrisas y los abrazos espontáneos; las miradas llenas de significado que abren de par en par los contenidos de nuestro corazón? Lo hemos perdido todo, hemos creado murallas antibalas alrededor de nuestro corazón, hemos apresado y oprimido a nuestro subconsciente. Vagamos por el mundo como fantasmas, vemos pero no miramos, oímos pero no escuchamos, olemos pero no percibimos ningún olor, y muchos más sentimientos se han perdido por empeñarnos en razonar todo hasta el más mínimo detalle. Acabamos confundidos, rayados, con decenas de miles de millones de datos almacenados en nuestro cerebro, el cual se cansa, se abotarga, desconecta las neuronas; y caemos en la desesperación y en la frustración por el hecho de no saber cómo reaccionar ante estímulos que creíamos relativamente sencillos de responder.

Por eso te pido que me perdones. Perdóname por haber caído en el terrible error de negar mis sentimientos, por contradecirme, por querer engañarme a mí misma aun sabiendo el desenlace y las consecuencias que desencadenaría. Perdóname por no decirte todo lo que tendría que haberte dicho desde el principio, por haberte ocultado la verdad todo el tiempo. Sé que no hay segundas oportunidades, y no podemos cambiar el pasado. Todo lo que hemos vivido está ahí. En forma de recuerdos, pero está, y no puede ser borrado. El libro de la vida se escribe a bolígrafo, y no hay típex que valga para enmendar nuestros errores. Cada página contiene un día, y está en nuestras manos hacer que merezca la pena leer cada una de esas páginas que conforman este libro llamado autobiografía. Sería egoísta por mi parte decirte que quiero que seas parte de mi libro, pero mi subconsciente no hace más que repetírmelo (mírale qué simpático). Tal vez en un futuro querré arrancar ese capítulo de mi libro, al igual que queremos arrancar otras muchas páginas, páginas oscuras, tristes, llenas de errores que nos avergüenzan, pero nos hacen aprender y no volver a caer – supuestamente – en ellos. Pero también existen otras muchas páginas que querríamos du, tri, incluso cuadruplicar, para volver y volver a vivir esos instantes. Sonrisas, abrazos, recuerdos placenteros que nuestra mente se encarga de recordar, aunque de forma intangible, una y otra vez.

Dicen que nunca es demasiado tarde para darse cuenta de nuestros errores y pedir una nueva oportunidad, así que supongo que tampoco es tarde para pedirte una primera. Una oportunidad para demostrarte todo lo que significas para mí, todo lo que mi mente se encarga de repetirme cada noche. Obviamente sería estúpido que pudieras saberlo, además de incoherente, ya que me encargo de ocultar perfectamente mis pensamientos, para que nadie pueda acceder a ellos. Dicho así, todo suena un tanto excéntrico, pero no estoy loca. Al menos eso dicen las voces de mi cabeza.

Al contrario de lo que pueda parecer, esto no es un manifiesto de mis sentimientos, así como tampoco es una carta de declaración. Es el golpe de estado que ha dado mi subconsciente, la revolución que ha estallado dentro de mi cabeza, pronunciándose contra el régimen establecido, contra las normas impuestas. Han caído mis defensas, se han roto mis esquemas, la rebelión ha vencido. Indefensa, me enfrento al mundo con otra mentalidad. No tengo miedo, ya no. No me preocupa lo que puedan decir ni lo que puedan pensar. No me importa caerme si me vuelvo a levantar mil veces. Y sobre todo, no tengo ningún motivo por el que seguir ocultándolo todo en los recovecos de mi mente. No tengo reparos en decirte que te quiero, y estoy dispuesta a repetírtelo todas las veces que haga falta. Mi subconsciente ha tomado el poder, ha instaurado la dictadura de los sentimientos. Y voy a dejarlos fluir y volar libremente. Al fin y al cabo ellos, como nosotros, merecen ser felices, y yo no soy quién para negárselo.

No soy perfecta, claro que no. Tampoco creas que pretendo serlo. Tiene que ser aburridísimo ser perfecto y que todo el mundo aspire a ser como tú. El esfuerzo y el afán de superación son solo algunas de las pequeñas cosas que hacen que la vida tenga sentido. Mirar a todo el mundo desde arriba debe de ser horrible. Y solitario. Sobre todo solitario. Pero esa imperfección no entra en conflicto con la felicidad. Y yo lo único que quiero es ser feliz. Me da igual no ser la más guapa, ni la más inteligente, ni la más interesante. Simplemente soy yo misma, con mis virtudes y mi multitud de defectos. Pero incluso un ser tan sumamente imperfecto como yo tiene el derecho de ser feliz. ¿Serías capaz de negármelo?

31.3.11

Adam Gontier.

I'm on the edge and falling off
and I'm sick of feeling numb
Help me believe it's not the real me,
maybe we can turn it around
Cause it's not too late,
I'm standing here alone,
feeling so stepped on




It won't be long until I'm burning on the inside
I just don't care anymore
That it drags me down
Things are clear
I will not die
We are one.

17.3.11

Rayadas y bajones de un día de marzo.

No sé por qué me empeño en ponerme así. Por qué le doy tantas vueltas a las cosas. Por qué acabo hundida hasta el fondo y derramando tantas lágrimas que podría hacer que el nivel de los océanos subiera varios centímetros. Lo peor es que todo esto es solo culpa mía, culpa de mi mente estúpida que se obceca en pensar en algo durante demasiado tiempo, montando una película y haciendo una montaña de cualquier tontería. Pero nadie más tiene la culpa de esto, soy solo yo. Podrás decir que soy idiota, y te doy toda la razón.

Lo curioso de todos estos bajones es que todos tienen la misma causa (y casi siempre las mismas consecuencias), pero nunca había llegado a este punto. ¿Y qué tenemos aquí? Un corazón dividido, una mente dividida, debatiéndose entre el sí y el no, entre una parte y otra. Dependiendo del día, una parte u otra se activa, lo cual no supone ningún problema demasiado grande. El problema llega cuando se activan las dos a la vez, o cuando una se activa de forma exagerada. Que es lo que pasa ahora. Que tu parte se ha activado demasiado, quizá influida por el efecto magnético que ejerces sobre mí. O por el hecho de que pareces omnipresente, estás en todo minuto en mi cabeza. Lo más gracioso es que yo jamás quise que esto sucediera. Quería un acercamiento, sí, pero jamás en este grado. De todas formas, toda la culpa es mía. Es mi culpa que me encante que me sonrías y la forma en que me miras cuando lo haces. Fue algo inesperado, quizás no, pero en un momento u otro pasó lo que (tal vez) tenía que pasar. Pero no, tú no tienes ni la más remota idea de qué es lo que realmente pasa. O igual sí y te haces el loco. Me he cansado de estar esperando y de no hacer nada para cambiar las circunstancias. Y supongo que debería hacer algún movimiento y decirte algo, o hacer algo que te haga cambiar el chip, que haga que se ilumine una bombillita en tu cabeza. ¿Pero sabes qué? Tengo miedo. Mucho miedo. No al rechazo, no, ni tampoco a las coñas generales. Si tengo miedo de algo es de no volver a ver tu sonrisa, ni tu mirada cruzándose con la mía, con esa calidez que la envuelve y que me hace sonreírte de vuelta como una tonta. Porque eres increíblemente sorprendente, y eso es lo que te hace parecer tan sumamente interesante para mí. Podría decirte todo lo que siento, todo lo que pienso, todo lo que hay en mi cabeza, pero sabes tan bien como yo que eso no cambiaría nada, de hecho incluso lo empeoraría. Porque no hay ni la más mínima oportunidad de que alguien como tú se fije en alguien como yo. Pertenecemos a dos mundos distintos, completamente opuestos, y sé que jamás podría cambiar esa situación, eso solo pasa en las películas americanas.

De todas formas, yo no desisto aún. Al menos no me voy a dar por vencida, no voy a a aceptar mi derrota y menos de cara al mundo. Soy capaz de luchar por lo que quiero, y en este caso, lo que quiero eres tú. Sí, suena cursi, suena estúpido, suena a adolescente de dieciséis años desesperada. Aunque yo no lo llamaría desesperación, lo llamaría estupidez. Estupidez al caer en el mismo error que cometo siempre, estupidez por no aprender de la experiencia, estupidez por incumplir la promesa que me hice a mí misma tiempo atrás. Tenía la mente bien organizada, bien puesta en su sitio, y de repente llegas tú y con un simple gesto rompes todos mis esquemas, desconectas mis neuronas y te cuelas en mi cerebro. Si ya hasta te tiene fichado mi subconsciente, apareces de vez en cuando en mis sueños, tan nítidos que parecen reales, que parecen un presagio del futuro. Pero no podría estar más equivocada. Al fin y al cabo, los sueños, sueños son.

7.3.11

Apatía

No sé lo que hago, ni lo que soy, ni lo que quiero. Me siento a esperar que pasen los segundos, los minutos, las horas, vagabundeo por la red sin saber muy bien a dónde voy. Cambio de rumbo, de dirección, de sentido, de página. Malgasto hojas en blanco del libro de mi vida. Arranco las hojas, las arrugo, las tiro. Tiro los segundos a la papelera del tiempo pasado. La inactividad me oprime el pecho, me consume, me mata. No tengo ganas de hacer nada, no tengo fuerzas para sonreír, ni siquiera para llorar. Tengo un vacío interior y no sé como llenarlo. Vomito palabras sobre un tablón virtual, tratando de conectarlas de algún modo, de manera que tengan sentido. No tengo ganas de inventar un mundo paralelo, un mundo literario, no quiero escribir. No tengo sueño, no tengo hambre, no tengo sed. La falta de ganas me paraliza, me mantiene entumecida, adormilada, congelada en vida. Los sonidos se vuelven lejanos, mi cuerpo parece no sentir nada.

Pero tampoco quiero morir.

6.3.11

Rumors, gossip and chit-chatting.

Llega un momento en que la realidad que vemos nos aburre, nos disgusta. Por ello decidimos trastocarla, distorsionarla, manejarla a nuestro antojo. Inventamos historias, alimentamos rumores para amenizar nuestro día a día. Pero no nos damos cuenta de que los sentimientos de las personas están involucrados, y al pasarlos por alto el juego inicial se convierte en algo muy serio.

17.2.11

To be or not to be.

Doubt thou the stars are fire;
Doubt that the sun doth move;
Doubt truth to be a liar;
But never doubt I love you.

                -William Shakespeare, Hamlet (Act 2, Scene 2, Lines 123-126)

16.2.11

¿Qué pasaría si la ciencia ficción no fuera tan ficticia? - Teoría sobre el universo

Sí, han leído bien. Teoría sobre el universo. No, sobre el origen no, que para ello tenemos tropecientas mil teorías distintas de distintos afamados (y no tan afamados) astrofísicos. Que si el Big Bang (la teoría, no la serie), la Teoría de Cuerdas, el Muro de Planck, la Gran Unificación y blablabla, podría seguir hasta que llegara el próximo holocausto zombie. Pero ese no es el tema, queridos lectores. El tema es que, estando yo, una simple chica de dieciséis años, estudiando historia para el examen de evaluación que tenía al día siguiente, tuve una revelación en forma de rayo de luz que caía del cielo y se posaba suavemente sobre mi cabeza, iluminando mi entendimiento y aumentando mi sabiduría. Bueno, en realidad no fue así, pero se pueden hacer una idea. Simplemente, perdí la concentración entre tanto Carlos y tanto Felipe, y se me fue la pinza. Pero no una pirada de pinza cualquiera, no, una pirada de pinza que dio lugar a la más nueva teoría sobre el universo jamás vista. No se crean que me vino así de golpe, toda formadita y compilada para enviársela al jefazo de la NASA. Mi pequeña teoría es solo un esbozo de lo que llegará a ser, con suerte y con conocimientos, dentro de unos cuantos años.


La teoría parte de una afirmación de lógica aplastante: lo más importante SIEMPRE está en el centro, y lo demás gira en torno a él. Bien, la Tierra no es ni siquiera el centro del Sistema Solar, este está situado en uno de los brazos más exteriores de la Vía Láctea, que no es ni de lejos la galaxia más importante ni más grande de todo el Grupo Local. Y así podríamos seguir empaquetando todas las galaxias, cúmulos y supercúmulos hasta llegar al Universo como tal. Si nos atenemos a la idea de que lo más importante está en el centro, en el centro del universo tiene que estar lo MÁS, lo que guía y controla hasta el átomo más pequeño del universo. ¿Cómo es posible que la única vida inteligente que conocemos se encuentre en una posición tan irrelevante como es la Tierra? Pues no es posible, lo digo yo y lo dicen científicos famosos. Debe haber algún tipo de vida inteligente en otros lugares del universo. No piensen en marcianitos con tres cabezas y ocho ojos, no. Vida inteligente, seres humanoides quizá, con más cerebro que Sheldon Cooper y Stephen Hawking juntos. No como en este planetucho, gobernado por incultos. Eeeen fin, que me desvío. Lo que quiero decir con esto es que en el centro del universo deben estar los más importantes, los que rigen todo el universo. Los que controlan cada movimiento de cada partícula interestelar. O quién sabe, quizá en ese centro del universo esté lo que algunos quieren llamar Dios.


El problema es que esté donde esté situado "geográficamente" el centro del universo, si es que algún día llegamos a averiguarlo, estaría situado a miles de millones de años luz de nosotros. Si mandáramos un mensaje de aquí al hipotético centro del universo, con una velocidad de 3·10^8 km/s (han acertado, velocidad de la luz), tardaría millones de años en llegar a ellos, y conocerían cómo éramos hace millones de años, y viceversa.


Pero, en realidad, ¿sabemos qué es exactamente el universo? ¿Es realmente infinito? ¿Está en constante expansión? Quizás sea una esfera situada en el centro de la mesa de operaciones de una civilización superior a nosotros que controla todo nuestro universo cual juego de los Sims. El universo es un conjunto de interrogantes aún sin respuesta. Aún.


(Esta teoría no es más que un esbozo, aún queda mucho para que esté completamente desarrollada. Como futura estudiante de física (fuck yea), en unos cuantos años podré demostrar la veracidad o falsedad de esta teoría, o mejor dicho hipótesis.)


Próximamente: Los agujeros negros. By Alice Kroeger.

23.1.11

Drugs weren't made for an addict like me.

Dejo escapar una exclamación de placer. Mi cabeza da vueltas y un torbellino de imágenes aparece ante mis ojos. Mi cerebro me engaña, mostrándome cosas que sé que no están ahí. Siento que floto, que estoy encima de una nube, que vuelo surcando los cielos. La gente me repite que no puedo ir drogada por la vida, pero estoy segura de que ellos nunca han experimentado esta sensación. Una sensación de ligereza, de poder, de descontrol, de sentir cómo el tiempo se detiene. Sé que esta sensación no es eterna, y que pronto los efectos se pasarán. Hasta que me chute una nueva dosis, y así poder volar, volar sin parar, sin preocuparme por nada más, evadirme de la realidad, descubrir un mundo nuevo, un universo paralelo creado sólo para mí. Me preguntan qué clase de droga me he tomado que me hace sentir así. Pero es la droga más maravillosa del mundo, única e irrepetible, casi imposible de encontrar: tú.

Tú eres la droga que me crea esta adicción. La que me hace olvidarme del mundo, la que me saca una sonrisa estúpida todo el tiempo. La que hace que mi corazón se acelere y que mis pupilas se dilaten. La que hace que mi mente vuele a ese mundo paralelo inventado por y para mí. Y necesito una dosis de tu droga cada día, necesito verte, hablarte, saber que estás ahí. Y cuando no te tengo el mono es tan grande que me impide pensar con claridad, me hace comerme la cabeza y devanarme los sesos y esperar impacientemente, como una histérica, noticias tuyas. Y cuando al fin las tengo, no es más que una dosis de metadona para calmar un poco esta necesidad. Porque mi adicción es tan grande que necesito una buena dosis de esta droga para seguir viviendo en mi nube, feliz, sin que importe nada más. Necesito escucharte, abrazarte, tocarte, sentirte cerca de mí, besarte, susurrarte que eres lo que más quiero en este mundo, lo que me llena y me completa, lo único que necesito para vivir.

Porque, aún ahora, sigo sonriendo cada vez que pienso en ti. Sigo recordando cada momento como si lo viviera de nuevo. Sigo teniendo tu voz, tu risa, resonando en mis oídos, tu imagen anclada en mis retinas. Y pienso qué estarás haciendo ahora, y si me recuerdas con la misma intensidad con la que yo te recuerdo. Me pregunto si imaginas todo lo que pasa por mi cabeza al pensar en tu nombre, e intento adivinar la expresión de tu rostro al leer esto. Porque necesito que vuelvas y que me des otra vez de tu droga, necesito saber si todo este tiempo ha significado algo para ti, y si estás dispuesto a impregnarme de felicidad otra vez. Y esta vez, para siempre.